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Cartas del subdirector. EC 2020, número 33

已更新:2021年5月6日

José Campos Cañizares, Kaohsiung, 5 de abril de 2020

Subdirector de Encuentros en Catay

 

Ricardo Cadenas, Cubierta Encuentros en Catay, 33 (2020)
Ricardo Cadenas, Cubierta Encuentros en Catay, 33 (2020)

El primero de ellos es una necesaria regulación racional sobre un turismo pernicioso que se ha apoderado, en los últimos años, de las sociedades mundiales y que ha llegado a España (pensemos en Madrid) de una manera agresiva y que está consiguiendo que las personas que vivían en las poblaciones, en su centro histórico –una verdadera creación humana civilizatoria, a través de los siglos–, de pronto, se vean obligadas a emigrar a otros espacios urbanizados, alejados de la llegada y ocupación degradante de turistas. Un turismo de personas que viajan, obligadas, sin criterio, en masa, como ejemplo de pobre capacidad humana para el ocio, para defenestrar todo lo que hay de calidad de vida en las viejas ciudades, tan bellas. Unas ciudades que habían sido construidas para el deleite humano, en vivienda, espacios comerciales y culturales; pero nunca pensadas para que masas humanas a modo de hordas bárbaras las arrasasen, y obligasen a sus ocupantes a la huida –solo accesible esta emigración a las economías fuertes, no a las populares que padecen el problema y quedan depauperadas y deterioradas en su vitalidad–. No hay ejemplo más apropiado para rechazar este turismo que comentamos (el turismo siempre ha existido, es algo positivo) que la imagen que daba la Puerta del Sol, antes de la expansión del coronavirus. Triste imagen. Un lugar plagado de personas abigarradas turísticamente, agrupadas de manera violenta e insensata. Puedo decir, que la Puerta del Sol siempre fue mi lugar favorito para pasearlo con sus calles adyacentes (librerías, cafeterías, comercios bellos y bares). De todo ese espacio, en los últimos años, he huido por sistema y salud cuando he viajado a Madrid.

Un segundo problema reside en el interés por la cultura y la seriedad en su acceso. Hemos sufrido unos años de desaparición absoluta de la lectura por parte de las personas, sustituida por la mera información –controlada, a su vez, por los poderes políticos–, un suceso al que se ha considerado un hecho cultural (¡Ahora se lee más que nunca! Se ha proclamado). Todos sabemos que no es cierto, que un mínimo porcentaje de la población lee de verdad y menos aun a los autores que han sido referente en el desarrollo de las civilizaciones y que han sostenido el progreso del pensamiento humano: Homero, Herodoto, Platón, Virgilio, Dante, Cervantes, Calderón, Kant, Stendhal o Tostoi –por elegir solo algunos de ellos–. Al mismo tiempo hemos obser- vado, últimamente, en la actividad académica la ausencia de rigor en el acceso a las titulaciones –no es necesario recordar los casos más llamativos, algunos de los cuales siguen manteniendo responsabilidades de gobierno en diferentes lugares del mundo, incluida España–. Nos encontramos ante una pedagogía de exigencia laxa que favorece a las cla